Saludo 4° Domingo del Tiempo Ordinario, 31 Ene 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 30 ene 2021 10:13 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 30 ene 2021 10:34 ]
Chía, 31 de Enero de 2021

   Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Y Dejándolo Todo, se Marcharon con Él"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   Evangelio de San Marcos anota que, en la sinagoga, - lugar de oración y enseñanza-, Jesús encontró a «un hombre que tenía un espíritu inmundo», el cual le hacía gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno?». Durante su vida pública Jesús se cruza con muchos poseídos por el demonio, porque el espíritu del mal puede apoderarse de alguien.

 

   Resulta aterrador ver los estragos que provoca el demonio en este hombre: lo retuerce, convulsiona, le desfigura el rostro, emite gemidos tenebrosos, maldice e insulta. Llama la atención que en la sinagoga se explica la ley, pero se olvidan del pobre hombre. En la sinagoga nadie parece dar importancia a este hombre privado de su libertad y esclavo del espíritu inmundo. Jesús aprovecha el espacio de la sinagoga para enseñar. Tan pronto ve a Jesús, el espíritu inmundo se siente perturbado e inquieto: Y en plena sinagoga y en pleno sábado – como indicando que la nueva ley del amor ha llegado-, Jesús lo sana y le devuelve la libertad. 

   La palabra “autoridad” viene del latín "auctor": autor, origen. Dios es el único que tiene autoridad sobre los hombres, porque es autor, origen y dueño de nuestra existencia. 

   Y Jesús, por quien todo fue hecho, tiene la plena autoridad de Dios, porque él es Dios. Es por eso que Jesús puede mandar a los demonios, los cuales han usado su libertad para oponerse a Dios. 

   La primera y última palabra sobre nosotros la tiene Dios porque nos creó y, como criaturas suyas, el espacio de nuestra alma, es sólo para él. Jesús puede decirle al demonio: “Deja mi criatura en paz”, "Cállate y sal de él". Valemos más que la ley. Valemos más que la “sinagoga”. Valemos más que “el sábado”. 

   Cristo no solamente es autoridad, sino que tenía autoridad. Como Dios, es la suprema autoridad, y como Hombre-Dios, por su conducta y por su ejemplo, se mostraba digno de ser obedecido. Esa autoridad divina, pasa por el Señor, y Dios la ha delegado a muchas personas que traducen y prolongan la autoridad de Dios. Sin embargo, ellos no cumplirán con su deber, sino en la medida en que respeten la dignidad del ser humano, y trabajen para lograr su plena realización.

 

   Para tener y saber ejercer autoridad se requieren tres cosas: La verdad. Como Verdad, Cristo nunca engañó a nadie. Luego, el ejemplo. Cristo practicó siempre lo que predicaba, y condenó duramente a los fariseos que decían una cosa y practicaban otra. Por último, el servicio, porque la verdadera autoridad está siempre atenta al servicio del hombre y de la comunidad. ¿Nos hemos preguntado alguna vez si ejercemos la autoridad con la verdad, la respaldamos con el ejemplo y la vivimos como un servicio a los demás? Recordemos que Cristo no vino a ser servido sino a servir. 

   Es fácil dejar entrar los malos espíritus en nuestro corazón, lo difícil es echarlos fuera. Tal vez no los identificamos como "espíritus inmundos", pero si nos van atrapando esos poderes que están fuera de nuestro control. La experiencia de cada uno nos lo dice cada día: ¿Tenemos el mal espíritu del orgullo, la soberbia y la arrogancia? ¡Qué difícil regresar a la humildad, a la nobleza y a la sencillez! ¿Qué fácil es dejar el mal espíritu de la droga, y luego cuánto hay que gastar para una terapia de desintoxicación! - ¿Dejamos entrar el mal espíritu de la infidelidad, y cuántos argumentos y cuántas razones aducimos para justificarnos! 

   Tenemos ese mal espíritu de la murmuración y el chisme, y todos salimos con el cuento de que no lo hacemos por mala voluntad”. Tenemos ese mal espíritu de ser amargados y amargar a los demás, y decimos que ese es nuestro carácter, que “yo soy así”. Muchos tenemos ese mal espíritu de la ludopatía, para pasar el tiempo, porque en mi casa y en mi familia me siento aburrido. 
  

   El espíritu inmundo “se resiste a salir”. Y Jesús debió increparle “cállate y sal de él”. Todos los malos espíritus retuercen y lastiman el alma antes de echarlos fuera, porque no quieren salir. Aquel endemoniado de Cafarnaúm confesaba a gritos el poder de Jesús y le llamaba: el Santo de Dios. 

   También nosotros un buen día llegaremos a entender aquella frase de la liturgia: «Porque sólo Tú eres Santo» Todos, aunque nos presentemos en público cómo perfectos, tenemos dentro muchas fuerzas negativas, padecemos muchos demonios. 

   Aquel hombre, que un día de sábado se asoma a la sinagoga, para encontrarse con el profeta de Nazaret, nos señala un camino. Recordemos que todo encuentro con Dios, el único Santo, nos cambia de rumbo. 


   No obstante, debemos estar alerta, porque hoy también, aunque de otras maneras, nos dominan espíritus inmundos que se revisten de formas decentes, aceptadas por la sociedad, incluso, con cierta apariencia de cristianismo.

 

   Pidamos al Señor, fuente de todo poder y autoridad, que podamos proclamar palabras poderosas de Dios a los demás, y que, unidos siempre a él, con su fuerza, venzamos el mal a fuerza de bien. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org y por el Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, - en este año dedicado a san José- , la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

 Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía