Saludo 4° Domingo de Pascua, El Buen Pastor, 12 de Mayo 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 9 may 2019 18:04 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 10 may 2019 13:30 ]
Chía, 12 de Mayo de 2019
 

   Saludo y bendición, a todos los fieles de esta amada comunidad de Santa Ana.

“El Señor es mi Pastor, nada me falta…”


   En este Cuarto Domingo de Pascua celebramos a Jesucristo el Buen Pastor. Domingo de todos aquellos a quienes él ha llamado y les ha confiado el ministerio del pastoreo en la Iglesia, a través de los cuales sigue realizando su tarea pastoral. La tarea de todos los pastores del pueblo de Dios, es nada más y nada menos la que Jesús ha confiado, colocándolas en las manos de sus ministros servidores. 

   Tres frases resumen el significado del Buen Pastor: “Escuchar la voz del Pastor”. “El pastor que conoce a sus ovejas”, y “Las ovejas que le siguen”. Para que las “ovejas escuchan la voz del Pastor”, es necesario que el Pastor esté “cerca de ellas”, sólo así podrá conocerlas. 

   Desafortunadamente cada vez conocemos menos a nuestras ovejas. Los pastores son cada día menos y las ovejas son cada día más. 

   En la Sagrada Escritura, Pastor es la vocación más veces nombrada, de hecho, el primer pastor fue Abel y pastores fueron Saúl y David antes de ser reyes de Israel. 

   En el Nuevo testamento Jesús se atribuye el título de Pastor y lo fundamenta en la verdad de su vida, manifestada en su espíritu de amor y de servicio hasta la muerte, de ahí que lance una denuncia en contra de los falsos pastores que no conocen a sus ovejas. 

   Como Buen Pastor, Jesús a todos nos conoce por nuestro nombre. Y nosotros somos las ovejas del Señor, somos su pueblo y sus hijos. La liturgia nos invita a escuchar la voz del Señor Jesús, y reconocer en ella la voz del Padre para que la podamos distinguir de tantas voces que no son de Dios. 

   Jesús, el Buen Pastor, se regocija con las ovejas que están cercanas a Él, pero también va en busca de las extraviadas. No teme ni montes, ni bosques, ni barrancos hasta llegar a la oveja perdida, hasta recuperarla, y lejos de enojarse, por su compasión, la toma sobre sus hombros y de su propio cansancio, venda sus heridas. Su misericordia es infinita y su amor quiere alcanzar a todas las ovejas, aunque sean de otro redil: “tengo otras ovejas que son de otro redil que necesitan ayuda”. Todos aquellos que se han apartado de su amor y han perdido el calor de su corazón, son buscados por él. 

   Si Jesús se define como Palabra, nosotros tendríamos que definirnos como “oídos”, como “escucha”, porque la fe nace precisamente de escuchar a alguien. Alguien que nos habla de sí y nos llama. 

   El seguimiento no es sino la respuesta a la Palabra escuchada, lo cual significa que una de las características fundamentales de toda comunidad creyente es la proclamación y la escucha de la Palabra. En este mundo hay tantas invitaciones y tantas distracciones que a veces nos llevan por falsos caminos, donde no hay agua, ni pastos que sacien nuestras ansiedades. Necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser discípulos de Jesús, es escuchar su voz, ser dóciles a él, y seguir sus pasos. 

   ¿Cómo escuchar a Dios en una sociedad llena de ruidos?  Con frecuencia, se hacen análisis de los ruidos de la ciudad, y casi siempre superamos los decibeles permitidos. La voz de Dios tiene pocos decibeles, pero suficientes para ser escuchada por quienes tienen todavía oídos atentos. Cuando queremos escuchar música, tratamos de que haya silencio en la sala. Solo en el silencio se puede escuchar bien la música. Cuando queremos escuchar la Palabra de Dios, también es preciso hacer silencio en el corazón y la mente porque sólo en ese silencio interior podremos disfrutar de la música de la Palabra de Dios.

 

   Decir: “mis ovejas escuchan mi voz”, significa que estamos atentos a lo que Él nos dice. Y que disponemos de tiempos adecuados para esta escucha. 


   A veces estamos más atentos al celular que llevamos en el bolsillo, porque, quizá la Palabra de Dios, no la llevamos en el corazón. Habitualmente uno escucha decir: “Padre, he llegado cuando ya habían leído el Evangelio, ¿me vale la Misa?” 


   El problema no es si me vale o no la Misa; el problema es que no he “escuchado” la Palabra de Dios. Por consiguiente, ¿dónde puede estar la respuesta del “seguimiento”? 

   Ojalá que la Liturgia de este Domingo, nos ayude a reconocer la voz del Señor, especialmente en aquellos que están lejos de Él y que en el fondo de su alma necesitan la mano tendida y segura del Buen Pastor. Que nuestra vida prolongue las entrañas del Señor, para que algún día seamos un solo rebaño bajo el cayado de un solo Pastor. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos misioneros, el reino de Dios donde quiera que se encuentren.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga, y que María Santísima nos proteja. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía