Saludo 5° Domingo del tiempo Ordinario, 6 de Febrero 2022, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 14 feb 2022, 8:01 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 14 feb 2022, 14:00 ]
Chía, 6 de Febrero de 2022
 
Saludo y bendición queridos discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 

Por tu Palabra, Señor, echaré las redes"

   Después de ser rechazado por sus compatriotas, Jesús comienza la aventura de elegir hombres sencillos, limitados y pecadores, pero dispuestos a dejarse formar por él para impregnar el mundo, con su humilde huella, los mismos pasos y huellas del Señor. No importa que no estén calificados, es el Señor quien cualifica.

 

   El Evangelio nos presenta la elección de Pedro que, postrado a los pies del maestro, recibe el llamado: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”. Con la palabra y la presencia del Señor no hay cabida al desaliento ni al pesimismo; él va siempre delante y nos anima a seguir mar adentro. 

   Hay dos momentos claves de Pedro ante Jesús. Primero, no entendió que el camino de Jesús tenía que pasar por la Cruz, y trató de disuadir al Señor, quien le responde: Apártate de mí, Satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios”. Segundo, ante el milagro de la pesca, queda pasmado, y solo atina a decir: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”.

    Pedro, además de darse cuenta de lo que era (hombre) se sentía, por otra parte, pecador. ¿No se preguntaría Pedro; cómo puede el Señor andar conmigo? ¿Quién soy yo para navegar en su misma barca? ¿Cómo, éste que convierte la nada en abundancia, se rebaja a estar, trabajar y perder su tiempo conmigo? Espontáneamente, aquel pescador primario y con carácter recio, deja que salga desde lo más hondo de su persona una oración y un reconocimiento de profunda humildad: “apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. 

   Ante el esplendor divino de Jesús, la humanidad de Pedro, quedaba al descubierto. Examinaba la noche, agotadora y sin fruto, y ahora con la presencia de Jesús, contempla atónito que todo es un gran prodigio sobre unas barcas incapaces de contenerlo. ¿Qué había ocurrido? Pedro se quedó deslumbrado por la santidad de Jesús. Aquello era inexplicable a todas luces: sus cuerpos cansados, las redes vacías y la vergüenza en sus rostros. 

   En la expresión de Pedro, cabemos todos. Aunque pensemos que Dios no nos quiere porque somos pecadores, él no nos abandona; sabe que estamos necesitados de él, de su misericordia y su perdón, y que tendremos que recurrir a él para sanar la infección del pecado. Por eso afirmó: no necesitan de médico los sanos, sino los enfermos”. Justamente, cuando se es pecador, es cuando más urgencia se tiene de Dios. No obstante, la condición pecadora de Pedro, Jesús lo convierte en pescador de hombres”. ¡Triunfa la misericordia divina! 

   Cuando todo parece oscuro se presenta Dios en la vida y nos manda a echar las redes, a seguir luchando y a no darnos por vencidos. Cuando ya no creemos ni en nosotros mismos, ni en nuestras capacidades porque el pecado nos arredra, aún nos queda la fuerza de la palabra del Señor, para proclamar con fe: Por tu Palabra echaré las redes.” Es precisamente en esos peligros donde habrá pesca. Fácil es instalarse donde no haya riesgos. Los fracasos suelen ser momentos malos que nos disminuyen las energías, o nos hacen desistir de seguir luchando. Jesús no cree en el fracaso. Lo que puede ser nuestro fracaso, él lo convierte en un triunfo de Dios. El fracaso no es el final del esfuerzo humano, porque nos queda la palabra de Dios que nos impulsa a ir mar adentro y a seguir echando las redes. Si se acaban nuestras posibilidades, comienzan las de Dios; las que hacen del fracaso, algo fecundo. 

   En la barca de Pedro que, a veces no pesca nada, o a veces se hunde, todos estamos llamados a echar las redes en aras de la pesca milagrosa del Señor. Hoy, los protagonistas somos nosotros. La pesca del día también somos nosotros, y la barca a la que sube el Señor es nuestra propia vida, nuestra familia, nuestro trabajo y nuestra historia. Jesús que llamó a Pedro, Santiago y Juan, nos llama a todos, aunque vayamos cansados y con las redes de nuestra vida vacías, para que nos impliquemos mutuamente en la pesca de la salvación. Pero se requiere confiar en su palabra, porque sin el Señor, nuestras redes estarán vacías. 

   Aunque fracasemos, pueden triunfar luego nuestras obras. Cuentan que Mozart escribió su sonata 545 en dos días después que una de sus hijas se moría de hambre. Todo parecía un fracaso, no obstante, seguirá sonando. Más allá de los fracasos, Dios nos creó con toda su ilusión divina, y, aunque un día el hombre le falló, Dios lo siguió buscando hasta ganarlo con su amor. Hasta Cristo murió en la Cruz y pensaron que había fracasado, y sólo así fue posible la alegría de la mañana de la Pascua. 

   El encanto de la pesca es que se trata de la búsqueda de lo que es difícil de alcanzar, pero alcanzable. La pesca es, de hecho, una serie perpetua de ocasiones para la esperanza. Dejemos, entonces, que Dios se valga de nosotros para que, con nuestra ayuda se llene la barca del Señor.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o del Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos; que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía