Saludo 6° Domingo Pascua, 10 Mayo 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 16 may 2020 9:10 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 16 may 2020 17:57 ]
Chía, 17 de Mayo de 2020

   Saludo y bendición a todos ustedes, discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 Lecturas de la Celebración

“Me Voy, Pero os Daré un Abogado y Defensor…
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

   En este sexto Domingo de Pascua, el Señor, en su despedida y en su promesa, nos habla del gran don pascual que nos dejará. “Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”. En la ausencia del Señor, los discípulos experimentarán su presencia a través del regalo del Espíritu Santo, el regalo de la paz y el regalo del mandamiento del amor. 

   A los apóstoles les habría gustado que Jesús permaneciera con ellos para siempre, tal cual lo vieron durante esos cincuenta días después de la resurrección. ¿Cuántos de nosotros quisiéramos que nuestros seres queridos permanecieran para siempre? Será más tarde cuando se llegue a comprender que conviene que el Señor se vaya de nuestro lado para seguir nuestro propio camino y con alguien más que nos acompañe. 

   El Espíritu Santo que nos promete el Señor resucitado, antes de ascender al Padre, será la presencia misma del amor de Dios en nosotros. Ese es el misterio del don del Espíritu de la verdad en nosotros. Dios lo concibe en nuestro corazón y nosotros casi no nos enteramos. Dentro de nosotros se produce la gran maravilla de “Jesús en el Padre, nosotros en Jesús y Jesús en nosotros”. Como la madre que ha concebido, también nosotros comenzamos sin casi enterarnos ni percibir ese nuevo misterio de la vida del Espíritu en nosotros. 

   Y poco a poco, ese divino misterio “que el mundo no ve ni conoce”, el Espíritu Santo, tiene que comenzar a manifestarse, así como la semilla germina en la tierra, pero está llamada a brotar, y quizá tarda un poco, pero brota. Es cuando nos enteramos de la nueva vida que comienza a florecer desde la entraña de la tierra. Jesús nos anuncia su divino Don del Espíritu que brota de sus entrañas para dar fruto en nuestro corazón. 

   Jesús se va, pero no los va a dejar en orfandad, porque habrá, en el tiempo de su ausencia, una presencia que les animaría constantemente, el Espíritu Santo. “los cristianos no nos quedamos huérfanos de Dios”, porque estamos habitados por él; porque Jesús seguirá con nosotros y nos ha dado la Iglesia como “madre” y familia, la misma familia de Dios, de ahí que “vendremos a él y haremos morada en él”. Vivimos como familia de Dios, en la compañía de Jesús, el mismo que nos dijo: “Yo estaré con vosotros hasta el final del mundo”, es decir, estamos habitados por dentro y acompañado por fuera. 

   Será a través del Espíritu, que Jesús se mantendrá presente y vivirá en la comunidad: “donde estén dos o tres reunidos en mi nombre allí estaré yo en medio de ellos.” La comunidad, a su vez, tendrá que crecer en torno a tres legados. El primer legado es guardar su Palabra, atesorarla y ponerla en práctica. El segundo legado es la Paz, como fruto de la presencia del Espíritu Santo en cada uno y que trasciende los moldes humanos, porque se basa en el amor que viene del Padre. El tercer legado es el amor que asegura la presencia de Jesús, como primer imperativo práctico y real para ganar la salvación  (Mateo 25), porque amar a Jesús, es amar su proyecto. Ese amor produce gozo y en el amor a los demás mostramos la verdad de nuestro amor. “Si alguno dice que ama a Dios y aborrece a su hermano es un mentiroso”. 

   Entonces, la fe requiere e implica amar a Jesús, guardar sus mandatos y hacerle un sitio especial a nuestro abogado y defensor, el Espíritu divino. Si en los negocios de este mundo nos vemos tan necesitados de buenos consejeros y guías, para conquistar el cielo ¿no necesitaremos un consejero mayor? ¿Podremos vivir solos la aventura de la fe? Ante tantos miedos que tenemos y tantos ataques del mal, pidamos que el Padre nos envíe a su consejero y defensor, al Espíritu Santo, que siga susurrando su voz en el fondo de nuestras almas, para no sentirnos huérfanos y experimentar que el Señor estará con nosotros, por los siglos de los siglos. 

   La vida actual está llena de ruido, palabras que van y vienen, mensajes que se cruzan y, con frecuencia, los seres humanos perdemos la capacidad de amar, la capacidad del silencio, la capacidad de escuchar en nuestro interior la voz de Dios que nos habita. Dios puede continuar siendo aquel desconocido de quien hablamos o a quien afirmamos creer pero con quien pocas veces nos encontramos en la intimidad del corazón. Solo en el silencio oiremos lo que el otro necesita, lo que quiere, y sabremos qué es lo que podemos darle, como podemos ayudarle. 

   No obstante, nosotros, muchas veces, no queremos percibir la acción del Espíritu. Nos convertimos en hacedores de nuestra vida sin dejar ni tiempo ni espacio para que el Espíritu de Dios actúe en nosotros. Nos creemos poseedores de la verdad y no queremos que nadie nos quite nuestras ideas, nuestra forma de ver y actuar. Sin embargo, como los discípulos, si nos abrimos, nos dejamos acoger e intentamos vivir el evangelio en nuestra cotidianidad, el Espíritu de Dios se manifestará, saldrá de nuestro interior, porque viviremos con la verdad, defenderemos la justicia, nuestra bandera será el respeto, la libertad y la sinceridad. 

   El Espíritu Santo en nosotros y en la comunidad, es su alma y su motor interior. Quien nos hace descubrir al Padre bueno y misericordioso, y quien nos permite actuar con la libertad de los hijos de Dios, para hacer de este mundo, un mundo más fraterno y sensible con los que sufren, para incluirlos con amor y respeto como hijos de un mismo Padre. Jesús no nos dejará huérfanos, pero tampoco nosotros podemos dejar huérfanos a los demás; tenemos que arroparlos con nuestro amor, sentirlos familia nuestra y sentirnos familia de todos. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos, y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía