Saludo 7° Domingo Tiempo Ordinario, 24 Feb 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 22 feb 2019 8:52 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 22 feb 2019 17:44 ]
Chía, 24 de Febrero de 2019
 

Saludo y bendición a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana.

El Amor de Dios, La Medida Perfecta

    
   En el Evangelio de este Domingo vemos que Jesús trata de enseñarnos cómo nuestra vida no puede ser igual que la de todo el mundo. Frente al enemigo que nos odia o nos calumnia o nos maltrata, el mundo responde con odio o con venganza. Eso es lo que se ha hecho siempre. El Señor nos invita a superar la antigua ley del talión, que exigía “ojo por ojo y diente por diente”. Ahora es la nueva ley del amor sin límites; a la medida de Dios. 

   Jesús cambia de estrategia: “Amar a los enemigos”; “hacer el bien a los que nos odian”, “Bendecir a los que nos maldicen”, “Orad por los que nos “injurian”. Todo parece al revés de este mundo, porque ese es el mundo y los criterios del evangelio y lo que Dios quiere de nosotros. Por eso, está bien que estemos en el mundo, pero que “no seamos del mundo”. Se trata de sentir la alegría de luchar por un nuevo mundo que podemos construir.

   Pero qué difícil es, y a veces, hasta imposible cumplir con estos criterios, porque todo lo pretendemos hacer a partir de nuestras propias fuerzas. Sólo es posible, con la fuerza que nos da la gracia de Dios. Solo unidos a él podremos amar y actuar con los demás, en la lógica de Dios.

 

   La propuesta de Jesús es por un cambio de mentalidad y de corazón. Algunos pensarán que es difícil, otros, que es imposible, pero lo importante es tener la esperanza cierta en que podemos ir transformando nuestro entorno si somos capaces de ir transformándonos por dentro. Solos no podemos, porque más pueden nuestras seguridades, caprichos y egoísmos; lo único importante ha de ser estar unidos a dios y a la comunidad que nos ayuda y rodea.

   Es ley sagrada: “Obrar con los demás como quisiéramos que ellos obraran con nosotros”. Estas palabras debemos tenerlas muy presentes en nuestra tarea diaria. Es la forma cotidiana de coherencia y testimonio. Los criterios del Señor son la otra forma de amar, de comportarnos y de ser justos. Ahí descubrimos que el otro es importante, que todos cometemos errores, y que todos somos sujetos del perdón y de perdonar, sin pedir nada a cambio, porque todos salimos ganando.


   La vida es un espejo que nos permite reconocer en cada uno de nosotros, los rasgos de Dios; que somos propiedad suya, y que brilla a través de las acciones de nuestra vida. Si nuestro actuar estuviera de cara a los demás, ¿nos avergonzaríamos o nos sentiríamos orgullosos de lo que hacemos? Debemos reconocer que en nuestra propia vida hay situaciones que causarían profunda vergüenza si fueran hechas públicas. Delante de la presencia de Dios, ¿sentiremos o paz o vergüenza? He ahí por qué el Señor nos recomienda “no juzguéis y no seréis juzgados”. 

   Esta nueva manera de obrar que nos ofrece Jesús: no juzgar, no condenar, hacer el bien, amar a los enemigos y orar por ellos, es efectiva. Cuando aparece la tentación de juzgar a otro, tendremos primero que reflexionar en nuestro propio juicio. San Agustín lo expresó así: Si quieres dejar de pensar en las fallas del otro, lo que hay que hacer es enfocarte en las tuyas. Es una cuestión de respirar profundamente y antes de criticar al otro, preguntarse: ¿Cómo es que yo puedo ver tan rápidamente las fallas del otro? ¡Puede ser que yo tenga fallas semejantes, o aún peores! 


   No olvidemos que todos transitamos por permanentes riesgos, así como el río no puede correr sin los márgenes estrechos de sus orillas, pero será en el centro de su cauce y no en las orillas, en donde se hace realmente veloz.  Si nuestra vida va de la mano de Dios, aunque la acechen los riesgos, ella irá por buen cauce y llegará a buen puerto. Se requiere avanzar hacia la meta evitando los precipicios y los bordes del mal que a todos nos golpean. 

   Cuántos de nosotros jugamos a ser cristianos, pero en el fondo somos un tanto paganos. Cumplimos ocho o nueve mandamientos, pero nos reservamos ciertos desbordamientos y abismos. Es ahí donde encallamos en los rincones del mal.  La nueva ley, la ley del amor será la clave para no encallar en el mal. “Ama y haz lo que quieras”.

   No midamos nuestras fuerzas peleándonos, sino perdonándonos. Por la fuerza no se llega a ser más, ni a estar más arriba. Es la humildad, el servicio, el amor y el perdón incondicional lo que hará estar por encima de los demás. Así nos parezca imposible, cambiemos el odio, por el amor; la ofensa por el perdón; la discordia, por la unión; más que ser consolado, consolar a los demás; más que ser comprendido, comprender a los demás; más que ser amado, amar y perdonar a los demás. Con ello, ya extendemos el Reino de Dios.

 

Pidamos al Señor, que nos dejemos llevar por el noble reto de “hacer” y de “ser” cristianos que dejemos en alto tal condición. Que nos desenvolvernos en cánones de conducta que sólo son posibles con la fuerza y la gracia del Señor. Sólo en Dios, desde Dios y con Dios, podemos desempeñar el papel que nos corresponde. Que nos animemos a descubrir que, juntos y con cada mejilla enrojecida, con cada gesto de generosidad desinteresada, de amor sin reservas, de perdón y de humildad.

 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos; que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía