Saludo 8° Domingo del tiempo Ordinario, 27 de Febrero 2022, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 26 feb 2022, 6:47 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 7 mar 2022, 8:05 ]
Chía, 27 de Febrero de 2022
 
Saludo y bendición para todos. 

Entre Motas y Vigas"

 
   San Lucas nos invita a realizar una síntesis personal, alrededor de los valores de Cristo, evitando toda hipocresía y la falta de coherencia en nuestra vida. 


   Eso indican las sentencias del Señor: ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el pozo?: 


- ¿Por qué te fijas en la pajita que tiene tu hermano en el ojo, y no ves la viga que llevas en el tuyo? 

   Tenemos estupenda vista para ver la mota que hay en el ojo del otro, y no veos la viga que nos aplasta. Con los demás somos exigentes, tajantes y poco comprensivos, mientras tanto ¡qué fácilmente nos disculpamos a nosotros! Tenemos la “manía” y la “malicia”, de ver “grandes”, los “pequeños defectos de los otros” y “pequeños” los “grandes nuestros”. 

   La mejor manera de vernos será siempre comenzar por verse uno a sí mismo. 

   Aprender a leer nuestro corazón, porque solo cuando leemos nuestro corazón aprendemos a leer el corazón de los demás. 

   Todos deberíamos pasar por la óptica divina y aprender que, si queremos corregir el defecto de alguien, hay que pensar primero que nuestros defectos pueden ser mucho más grandes. 

   Quien no sabe mirarse a sí mismo, difícilmente podrá saber mirar a los demás. Quien no sabe juzgarse a sí mimo cómo pretenderá juzgar a los demás. Eso lo sentenció el mismo Señor: “Juzgad a los demás como queréis ser juzgados. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. La medida que uséis con los demás la usarán con vosotros”. 

   De ahí que, la mejor medida para valorarnos a nosotros mismos, es la manera como valoramos a los demás. Quien piensa bien del otro, pensará bien de sí mismo. Miremos al otro como nos miramos nosotros, y lo vamos a mirar de otra manera. 

   Dice el refrán popular: “Quien escupe al cielo, le cae en la cara”. Antes de mirar los defectos de los otros, miremos los nuestros. 

   Reconozcamos que “los demás no son tan malos como decimos”, ni nosotros somos tan buenos como nos imaginamos”. ¿Cómo guiar por los caminos de la generosidad, si somos tacaños y vivimos del egoísmo? ¿Cómo enseñar a Dios a los hijos, si los papás nunca lo experimentado? ¿Cómo enseñar la verdad a los hijos, si ellos son los primeros testigos de las mentiras de los papás? ¿Cómo enseñar a los hijos la honestidad, si los papás son deshonestos? 

   No exijamos que el otro tenga las manos limpias si, llevamos sucias las nuestras. No exijamos fidelidad, si somos infieles. No exijamos responsabilidad, si somos irresponsables. Hablar bien de los demás tiene que comenzar por hablar bien de uno mismo. No hay mejor manera de enseñar a otros el camino, que cuando ya lo hemos andado, y no habrá mejor manera de hacer ver a los otros que, limpiando primero nuestros propios ojos. No hay peor guía de un ciego, que otro ciego. ¿Cuántas veces, por mirar las pequeñas pajas en los ojos de los demás, no vemos los jardines florecidos que Dios colocó en ellos? 

   “No se puede corregir a una persona sin amor y sin caridad. Sin anestesia, no se puede hacer una intervención quirúrgica porque el enfermo morirá de dolor.   Y la caridad es como una anestesia que ayuda a recibir la cura y aceptar la corrección. Apartarlo, con mansedumbre, con amor y hablarle”. “¡Si debes corregir un defecto pequeño allí, piensa que los tuyos son mucho más grandes!” (Papa Francisco) 
   Alguien dijo: «Cuando pesamos los defectos ajenos, casi siempre ponemos el puño en la balanza». “Con la paja en el ojo…vemos borroso”. Por el contrario, la corrección fraterna es un acto para curar los agujeros y coserlos de nuevo; y como las madres y las abuelas, cuando cosen, lo hacen con mucha delicadeza, así se debe hacer la corrección fraterna. Pidamos a Dios nos regale ojos con corazón: que veamos lo malo, pero con amor, porque cuando se ven las cosas con amor, las cosas comienzan a cambiar. «Dios no ve lo que eres, ni lo que has sido, sino lo que hoy comienzas a ser».

 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org  o a través del Facebook de la capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos; que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía