Saludo 8° Domingo Tiempo Ordinario, 3 Mar 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 28 feb 2019 18:29 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 1 mar 2019 11:12 ]
Chía, 3 de Marzo de 2019
 

Saludo y bendición a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana.

“Con la Paja en el Ojo…Vemos Borroso”

    
   La página de san Lucas este Domingo, es una invitación a realizar una síntesis personal, alrededor de los valores de Cristo. Es un llamado a evitar toda hipocresía, esa distancia cruel entre lo que pensamos y lo que hacemos. 


   Jesús, utilizando una comparación, nos dice: ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el pozo?: - ¿Por qué te fijas en la pajita que tiene tu hermano en el ojo, y no ves la viga que llevas en el tuyo? Igual que el árbol bueno no produce frutos malos, ni el árbol malo nos da frutos buenos, el hombre se conoce por su comportamiento. 

   Dos recomendaciones, nos da Jesús: ante todo: el que juzga a otro, debe ser alguien que ver espiritualmente. Después, debe examinar si entre lo que siente su corazón y lo que dice su boca hay una auténtica correspondencia. Conviene, ante todo, ajustarse a la medida de Cristo, el único que tiene la verdad total y definitiva del Padre. 

   Jesús les recuerda a sus discípulos, que ellos están llamados a guiar a los demás por los caminos del Evangelio. Pero para ello es preciso que ellos vean primero con claridad la verdad del Evangelio, porque quienquiera guiar a los demás, primero tiene que aprender a guiarse a sí mismo. 

   ¿Cuál es la fuente de nuestras críticas a la conducta de los demás? Será que ¿Tenemos sano el corazón y limpios nuestros ojos? ¿O no será que nuestro orgullo nos cierra los ojos? 

   Quizá nos desconocemos a nosotros mismos, y no nos damos cuenta que todos los defectos que criticamos en los demás los llevamos nosotros duplicados. 

   Ni los demás son “tan malos como decimos”, ni nosotros somos “tan buenos como nos imaginamos”. 

   Existe un refrán popular: “Quien escupe al cielo, le cae en la cara”

   Antes de fijarnos en los demás, es preciso que nos fijemos en nosotros mismos. Antes de decir lo que tienen que hacer los demás, primero tenemos que saber lo que tenemos que hacer nosotros. Antes de corregir los defectos de los otros, hemos de tomar conciencia de los nuestros. ¿Cómo guiar por los caminos de la santidad, si nosotros no lo hemos intentado? ¿Cómo guiar por los caminos de la generosidad, cuando vivimos del egoísmo?  

 Todos nos creemos expertos en ser guías y maestros de los demás. Somos especialistas en ver los defectos de los demás, lo difícil es ver los propios defectos y las propias fallas. Y quien no es capaz de verse a sí mismo, es un ciego que pretende guiar a otro ciego. Jesús no niega que debamos guiar a los demás. Pero quien quiera guiar a un ciego, necesita tener él buena vista; de lo contrario serían ciegos conduciendo ciegos.  
 ¿Cómo enseñar a Dios a los hijos, si los papás nunca lo experimentado? No basta decir que los tienen estudiando en el mejor colegio católico. ¿Cómo enseñar la verdad a los hijos, si son los primeros testigos de las mentiras de los papás?, o ¿Cómo enseñar a los hijos la honestidad, si los papás son deshonestos? ¿Cómo yo, sacerdote, puedo predicar sobre la Iglesia, si no la amo, a pesar de sus errores? 

   No exijamos que el otro tenga las manos limpias si, llevamos sucias las nuestras. No exijamos fidelidad, si somos infieles. No exijamos responsabilidad, si somos irresponsables. Hablar bien de los demás tiene que comenzar por hablar bien de uno mismo. No hay mejor manera de enseñar a otros el camino, que cuando ya lo hemos andado, y no habrá mejor manera de hacer ver a los otros que, limpiando primero nuestros propios ojos, porque no hay peor guía de un ciego, que otro ciego. Cuántas veces, por mirar en los demás las pequeñas pajas en los ojos, no vemos los jardines florecidos que Dios colocó en cada hijo suyo y hermano nuestro. 

   El Señor nos presentó todo un manual de relaciones fraternas. Nos habla del amor al prójimo no en teorías. Quiere que lleguemos a lo práctico. Hemos de ser, entonces, cuidadosos en el trato diario con nuestros hermanos, y más al calificar su conducta, revisemos cómo está la nuestra. 


   Con razón alguien dijo: «Cuando pesamos los defectos ajenos, casi siempre ponemos el puño en la balanza».

 

   Que la conversión, la fe, la caridad, la esperanza, la santidad, el ejemplo y la comprensión que esta cuaresma nos pide, comiencen, ante todo, por nosotros mismos. «Dios no ve lo que eres, ni lo que has sido, sino lo que hoy quisieras ser».

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página:

www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito, al iniciar esta santa cuaresma, a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos; que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía