Saludo de la Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 de Dic de 2018, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 23 dic 2018 18:32 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 23 dic 2018 18:35 ]
Chía, 25 de Diciembre de 2018
 

  Saludo cordial y bendición para todos, en la Solemnidad de la Natividad del Señor.

Nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor


 
 “Os anuncio una gran alegría, hoy, en Belén de Judá, nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor”.
En esta noche santa, nuestras almas se visten con traje de santa alegría, y de fe confiada y sencilla. Es la nota distintiva de la navidad, porque la alegría del cielo coloca su morada en la tierra, en nuestros corazones y en nuestras familias.

    Ante Dios hecho uno de nosotros, nadie puede quedarse indiferente. Todo el mundo tiene que definirse. El evangelio nos brinda muchos signos y símbolos. Los pastores abandonan el rebaño y van a Belén. La estrella se pone en camino y arrastra a los magos de oriente. Los posaderos cierran sus puertas a la Madre y al Niño. Herodes se inquieta y teme por su trono. Todos se definen.

   Tan gran acontecimiento se debe notar en una alegría sincera que brote del corazón. Es la alegría que nos impulsa a encontrarnos con los demás, como hermanos, perdonando a quien nos haya ofendido, compartiendo lo que tenemos con total desprendimiento, así como Dios vino al mundo y se despojó de su divinidad, y en un recién nacido, se mostró vulnerable y cobijado en el humilde pesebre.

    En cada Navidad debemos revestirnos de esa humildad que perdona, que defiende la verdad, que es paciente, alegre y despierta la fraternidad, porque Dios ha venido a salvarnos. En esta noche salimos de nosotros mismos para adorar al niño Dios y entrar en sus entrañas. 

   Es la noche del aire nuevo y puro de Dios que va dando vida a aquella humanidad que caminaba en tinieblas, y ve una gran luz. El Niño que nace, y con su nacimiento Dios nos ha abierto un portal al cielo, tan inmenso que cabemos todos. Nunca la altura estuvo tan a ras del suelo, y jamás el camino del hombre, estuvo tan encumbrado en las alturas. Dios, rico en misericordia, se hace hombre y, el hombre alcanza al mismo Dios en la pobreza del pesebre. 

   “Dios hecho hombre”, es el misterio central de nuestra fe. Si no lo aceptamos cerramos las puertas como muchos lo hicieron en Belén. Pero si lo aceptamos, él será el Señor de nuestra vida. Navidad, para los que no creen puede ser motivo de borrachera o de fiesta mundana. Pero para nosotros, los que creemos, navidad es Dios hecho carne de nuestra carne, como un hermano de sangre.

    En cada Navidad, en el niño Dios resplandecen la Gloria del cielo y la paz en la tierra. Adorarlo es, entonces lo propio de quien siente su amor y su paz. Y cuando dejamos de adorarlo, deja de haber paz en nuestro corazón y en la tierra. Cada navidad ha de ser un nuevo encuentro con Dios, dejando que su luz, su amor y su paz entren hasta el fondo del alma. 

   Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Es tan poderoso que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso, a fin de que podamos amarlo. Es tan eterno que puede despojarse de su divinidad y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, al encontrarlo, anunciarlo como lo hicieron los pastores. Eso es la Navidad: el milagro de Dios hecho hombre.

   Bendita sea esta Navidad. Esta noche en la que, en el silencio, Dios nos hace escuchar y comprender la grandeza y el secreto de estos días. El secreto que no es otro que su inmenso amor porque Dios sale a nuestro paso, Dios se hace fiador, Dios coloca toda su omnipotencia al servicio de la humanidad.

   Alegrémonos ante tan admirable grandeza de Dios que, al hacerse hombre, ha atravesado las sombras para destruirlas y llenarlas de su luz. Y cuanto más cerca, más luz. Desde el bautismo se nos dio la luz de Cristo. Como cristianos somos luz y estamos llamados a extender el resplandor su brillo que destella en esta Navidad. 

   Cada uno de nosotros somos el niño Dios, cuando dejamos que Dios crezca en nosotros; cada uno somos pesebre cuando adornamos nuestra vida con los valores de Dios; cada uno de nosotros somos campanas de navidad cuando nos esforzamos por dejar sonar la voz de Dios en nuestro corazón. Cada uno somos villancicos cuando buscamos la armonía de Dios en nuestra vida.

 

Navidad se escribe con N de niño nacido.

Navidad se escribe con A de amor inmenso.

Navidad se escribe con V de vida plena.

Navidad se escribe con I de ilusión cumplida.

Navidad se escribe con D de don gratuito.

Navidad se escribe con A de alegría auténtica.

Navidad se escribe con D de Dios.

 

   En nombre de nuestro Obispo, Monseñor Héctor Cubillos Peña, y los sacerdotes que los hemos acompañado en este año 2.018, les deseamos una feliz navidad en familia y un año lleno de bendiciones. Que el Señor Jesús, su santísima Madre, y nuestra patrona Santa Ana los acompañen y protejan siempre. Amén.

 

Feliz Navidad.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía