Saludo Solemnidad de la Sagrada Familia, 30 de Dic de 2018, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 26 dic. 2018 18:02 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 26 dic. 2018 18:23 ]
Chía, 30 de Diciembre de 2018
 

  Saludo y bendición a todas las familias de esta comunidad de Santa Ana.

Jesús, María y José

  Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, José y María. En esta fiesta debemos recordar que la familia no es un lugar donde se duerme y se paga según se come; no es una comunidad en la que a uno se le quiere por lo que tiene. Es una comunidad en la que a uno se le quiere por sí mismo. En la familia cada uno de los miembros debe amar y ser amado de modo especial. 

   Dios al realizar sus grandes obras, no recurre a medios espectaculares, se vale de medios típicamente humanos. La salvación de los hombres sólo se hace con la colaboración de la misma comunidad humana. Hoy sucede lo mismo: cada uno de nosotros nace y se educa en una familia. La familia es el santuario en el que sus miembros viven el encuentro con Dios y los hombres. La familia es el santuario, la iglesia doméstica, del sí.

   La Sagrada Familia es la más grande catequesis en donde se nos enseña el amor como la guía cierta y el modelo más eximio para saber por dónde tenemos que ir y a dónde tenemos que regresar. La familia es reflejo del amor de Dios que en el cielo no está solo, sino que forma también una comunión de vida trinitaria. Es una realidad tan hermosa que el mismo Dios quiso tener una mamá y un hogar en el cual crecer y soñar. San José habrá enseñando a Jesús a trabajar y la Virgen María a orar.

   Mediante la transmisión de los valores la familia es el lugar natural y el espacio vital donde por primera vez el niño se abre a la socialización de la persona humana. La familia es la primera sociedad  que experimenta. De la imagen e impresión que este primer contacto ofrezca al niño dependerá el futuro equilibrio personal y la calidad de su inserción en la sociedad grande en que se va integrando. 

   José, un padre carpintero, que inició al hijo en las artes de su oficio para servir a la comunidad a través de su tarea. María, una madre generosa, capaz de guardar en el corazón los tesoros silenciosos de su experiencia de vida. El niño Jesús, un hijo que crecía en amor y sabiduría delante de los ojos de Dios y de todos los hombres, escuchando a sus padres y siguiendo las tradiciones de su pueblo.


   Así como el Divino Hijo, luego de haber venido del seno de la familia trinitaria, regresó al seno de su Padre, luego de cumplir su obra salvadora, nosotros siempre regresamos al seno de nuestra casa, de nuestra familia, quizá con el rostro marchito por las culpas y los desengaños, pero ansiosos de recobrar ese corazón inocente que un día gozamos en los brazos de la familia que nos sostuvo en sus brazos frente al altar en el bautismo. 

   Todos, como hijos de Dios, tenemos derecho a ser felices desde ahora. Y el lugar más bello para ser felices, no es otro que la familia, ese lugar donde Dios nació y creció, ese lugar que él mismo bendijo. Esta felicidad sólo se encuentra en amar de verdad y ser amados y en cultivar, desde el hogar, ese amor infinito que Dios nos enseñó por Jesucristo.

   Nuestras familias y el mundo están en crisis. Des afortunadamente conocemos numerosas familias, donde se desmoronan los valores fundamentales que las sustentan. Se han dejado absorber del medio ambiente. No han luchado por mantenerse vivas como formadoras de personas, educadoras en la fe y promotoras del cambio social. Se volvieron familias como desechables, que se debaten en medio de amarguras, dolores y resentimientos. Hoy, más que nunca hay que proclamar con valentía, que no hay nada más bello que la familia. Que ningún hombre o mujer podrá disponer de una mayor riqueza que el tener una familia que le cobije.

   
En este tiempo de navidad, la Sagrada Familia nos llama a orar por ella, a defenderla y promoverla. La fiesta de hoy es una invitación a los esposos e hijos para permanecer unidos en Dios, fuente del amor auténtico, y reconocer que en la familia lo más importante es Dios. 

   Hay familias que no les falta materialmente nada; hay casas que lo tiene todo, pero no tienen el toque sagrado ni el amor de Dios. Precisamente, Dios, fuente infinita de sabiduría, quiso que fuera en la sagrada familia en donde él mismo nos proporcionaría el ambiente para crecer, como el niño Jesús, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los demás. Sólo así, el mejor pedagogo para la educación de los hijos es el amor, la oración y el testimonio.

   En esta fiesta renovemos nuestro compromiso familiar, reconociendo también a la Iglesia, como nuestra gran familia. Pidámosle a nuestra Patrona Santa Ana, que siga intercediendo por todas las familias que acompañan nuestras celebraciones, y que las Madres sean como María, los padres como San José y los niños imiten en todo, a Jesús de Nazaret.

 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

   Feliz semana para todos. Que Dios bendiga a todas nuestras familias, y la Santísima Virgen las cubra con su manto. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía