Saludo Domingo de Resurrección, 21 Abril 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 20 abr 2019 7:30 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 20 abr 2019 8:31 ]
Chía, 21 de Abril de 2019
 

   Saludo de Pascua y bendición, a todos los fieles de esta amada comunidad de Santa Ana.

“Cristo ha Resucitado, Aleluya, Aleluya


   En medio de tantos motivos que tenemos para llorar o para el pesimismo, la vida resucitada de Cristo nos trae una nueva primavera. 

   El tronco viejo del mundo, al que nosotros estamos tan apegados, reverdece ahora y florece con nuevos ímpetus: ¡Ha resucitado! ¿Acaso este mundo no necesita un poco de alegría y de ilusión, de futuro y de coraje? 

   El Domingo de Pascua nos invita a renacer con aquel que ya ha renacido, a vivir con el que es la vida. Nos empuja a vivir ya desde el suelo con la mirada puesta en el cielo. 

   La gloria de Jesús, al resucitar, será atraernos y llevarnos al encuentro definitivo con el Padre. Si desde la cruz, en el Gólgota atraía a todos hacia Él, ahora resucitado, viviremos por siempre con Él.  

   El Domingo de Resurrección parece el Domingo de las prisas, porque todos corren. María Magdalena sale de madrugada a visitar el sepulcro. Al ver que la piedra del sepulcro estaba removida y que el cuerpo de Jesús había desaparecido, corre a comunicárselo a Pedro y a Juan. Sin deliberar, éstos a su vez, corren para cerciorarse del hecho. 

   Cuando Juan vio los lienzos puestos en el suelo y el sudario doblado en un sitio aparte, entendió lo que Jesús había dicho que resucitaría al tercer día y entonces vio y creyó. Hoy, Jesús, sale invicto del cara a cara con la muerte: ha resucitado. El único sometido ha sido la muerte. Hoy estamos vestidos de fiesta y de triunfo. Lo celebramos en la solemne Vigilia Pascual con el rocío del agua bendita que nos ha hecho sentirnos nuevos por dentro y por fuera.

   En este día de Pascua, todos tenemos una gran misión: animar a los demás a disfrutar y a ser conocedores de los frutos de la resurrección. La mañana de Resurrección es una llamada a empujar al mundo hacia Cristo. La aurora de este histórico día, del triunfo de la vida sobre la muerte, nos llena de inmensa alegría. ¡Hay que aprender a estar alegres en medio de la adversidad! Entre otras razones porque los cristianos poseemos la alegría de la fe. La alegría de un Cristo con rostro glorioso, la fecundidad y el amparo que sus palabras nos traen. Que la luz de Cristo resucitado, lejos de apagarse, se mantenga encendida con nuestro testimonio, con nuestras actitudes positivas, con nuestros pequeños detalles.

   Cuando muere la luz del día, la naturaleza se pone oscura y triste, pero a la mañana siguiente las aves, al encontrarse de nuevo con la luz del día, cantan con alegría. 

   Pues bien, por la fe en Cristo, muerto y resucitado, nosotros, a quienes Dios quiere más porque somos su obra más amada, tenemos la esperanza de que después de la oscuridad y tristeza de la muerte nos encontraremos de nuevo con la luz y junto con nuestros seres queridos cantaremos con eterna alegría. 

   Nos toca responder a Jesús. ¿Creemos o no? No hay punto medio. Si creemos, hemos de oírle y hacer lo que nos dice. Ya no tenemos que buscar entre los muertos al que vive, porque ha resucitado.

    En la mañana de Pascua, Cristo resucitado vuelve a ser el agua viva, la luz que brilla en las tinieblas, la esperanza y la salvación para todos los hombres. El amor del Padre no defrauda a quien se confía a Él. Cristo resucitado es para siempre el viviente que nos entrega su espíritu para estar con nosotros hasta el fin de los tiempos.


   La resurrección de Jesús es la mejor garantía de nuestra vida después de la muerte. Dejemos en el sepulcro del Señor los trapos de nuestro hombre viejo, y resucitemos con Él a una vida nueva de gracia y santidad. La resurrección es tiempo de la victoria. 

   Como después de un partido de fútbol, los triunfadores se abrazan, cantan y celebran jubilosos la victoria, los cristianos, el domingo de Pascua, vivimos el día de la victoria sobre nuestro último enemigo, la muerte, y tenemos motivos más que sobrados para saborear y celebrar bulliciosamente este gran acontecimiento.

    Vivida ya la Semana Santa, nos queda la satisfacción de haber estado junto al Señor. Qué gran bondad, qué grande amor que Dios ha tenido con todos nosotros. 

   Es Jesús quien toma el timón de la vida y quien tiene la última palabra, porque la última palabra es la vida. El amor de Dios es más fuerte que la muerte y en la muerte, Dios pronuncia en su divino Hijo la última palabra: que Dios es amor, y sólo el amor puede derrotar la muerte.

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 ¡¡¡  Felices Pascuas de Resurrección !!! 

   Que el Señor Resucitado nos llene de fe, de esperanza y de caridad, para que con nuestras palabras y nuestras obras, seamos testigos de Jesús Resucitado y portadores de su Evangelio de amor! 

   El Señor ha resucitado, Aleluya, Aleluya, y su misericordia es eterna, Aleluya, aleluya.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía