Solemnidad de La Asunción Virgen María, 15 - 16 de Agosto de 2020

publicado a la‎(s)‎ 15 ago 2020 10:13 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 15 ago 2020 10:46 ]
Fiesta Patronal Diócesis de Zipaquirá

Chía, 15 - 16 de Agosto de 2020

  Saludo y bendición a todos ustedes, discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

Nuestra Señora de la Asunción, Intercede Por Nosotros
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

 
   Hoy, como cada año, vuelve la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, la fiesta mariana más antigua, la cual nos impulsa a elevar la mirada hacia el cielo, allá donde Dios nos espera como nuestra meta y nuestra eterna morada. 

  Hoy, nuestra Diócesis de Zipaquirá, celebra su fiesta patronal. La festividad del triunfo final de María, la humilde esclava del Señor, la mujer vestida de sol, la primera mujer que ha entrado al cielo y la primera que experimentó los frutos de la redención, nos participa su gloria y su destino.

   El dogma de la Asunción fue definido solemnemente por el papa Pío XII el 1-XI- 1950, con estas palabras: “…Pronunciamos, declaramos y definimos que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta (elevada) en cuerpo y alma a la gloria celeste…”.

   Aquella que en el parto conservó intacta su virginidad, conservará su cuerpo también, después de la muerte, libre de la corruptibilidad. Aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno, tendrá luego su mansión en el cielo. Aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor del que se había visto libre en el momento del parto, lo contempla ahora a la derecha del Padre. Como Madre de Dios posee lo mismo que su Hijo y es venerada por toda creatura como Madre y esclava de Dios. Por todo ello, la augusta Madre de Dios alcanzó definitivamente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial para resplandecer ahí como reina a la derecha de su Hijo, por todos los siglos.


   Lo mismo que el sol incide sobre las vidrieras y se irradia a través de ellas, Dios  traspasó a María, la transformó, la transfiguró hasta asumirla plenamente en la resurrección de Cristo. Por eso, es primicia de nuestra glorificación futura, garantía de que “Cristo transformará nuestros cuerpos mortales en un cuerpo glorioso como el suyo”. La fiesta de hoy es la exaltación, no de una mujer poderosa, sino de una mujer pobre, humilde, mujer de pueblo. Esposa y madre, que a veces no entendía los caminos de Dios pero los aceptaba en la fe; Mujer consciente de que los dones que tenía no eran suyos, sino maravillas que Dios había realizado en ella. Por eso, su voz se hace canto agradecido en el Magníficat. Es imagen de los que formamos la Iglesia peregrina, y de lo que estamos llamados a ser.

   Qué bello espectáculo que congrega en torno a la Madre a cientos de  hijos del mismo Padre, que comparten la misma fe, que se sientan a la misma mesa, que reconocen a María como Madre y modelo. Ella nos reúne para hacer Iglesia. Esa es su misión: irradiarnos a su Hijo en la comunidad. Asunta, desde el cielo intercede por nosotros. Su mediación es subordinada a la de Cristo, al que no oscurece, sino que lo irradia. De ahí que los Santos Padres compararon a María con la luna, que, en medio de nuestras noches y de nuestras oscuridades, refleja la luz del sol y la irradia hasta que llegue el día. Lo que el Señor nos dará un día como gracia, nos lo entrega ahora como tarea. 

   El sentido, la significación y el valor de la obra de María, es acercar el Cielo, ya aquí, en la tierra. Ella nos ha acercado el cielo a la tierra, y nosotros como Iglesia, tendremos  que recorrer el camino de su Fiat. Como ella, debemos aprender a lanzarnos a las cosas de Dios. Ella es modelo de fe (“que se cumplan en mí tus palabras”). Es modelo de docilidad a los planes de Dios (“He aquí la esclava del Señor”). 


   Es modelo de caridad, de apertura a los demás, modelo de respuesta rápida, ágil, concreta y eficaz (…Se puso en camino y fue aprisa a la montaña”). María es modelo de docilidad y obediencia (Hágase en mí, según tu palabra). El camino de María, entonces tiene que ser el camino de la Iglesia, el camino de los humildes, de los pobres y olvidados. Todos queremos llegar a Dios, y María es nuestra esperanza porque ya lo ha alcanzado.

   María nos enseña a “alimentar la interioridad” volviendo al corazón, a  la meditación y a la oración. Que esta solemnidad nos haga levantar nuestra mirada al cielo en donde está nuestra meta, ya preludiada por la asunción de María Santísima al cielo. Alimentemos nuestra interioridad para hacer, como ella, la voluntad del Señor.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la capilla Santa Ana para las Eucaristías, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Reino de Dios, donde quiera que se encuentren. 

   Feliz semana para todos. Que Dios y María Santísima, nuestra Señora de la Asunción, patrona de nuestra Diócesis de Zipaquirá, los protejan siempre.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía