Solemnidad Santa María Madre de Dios, 1 Ene 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 30 dic 2019 17:39 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 30 dic 2019 18:01 ]

Chía, 1 de Enero
 de 2020

   Saludo y bendición a todos ustedes, discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana, en este nuevo año 2.020.   

Madre de Dios y Madre nuestra, Ruega por Nosotros

   En este día, el primero del nuevo año, la Iglesia coloca todo el énfasis en María la Madre de Dios, con la convicción que, al colocar nuestra vida, nuestra familia y la Iglesia en las manos de la Madre de Dios, estaremos en las mejores manos.


   Comenzamos un año nuevo invocando sobre él la bendición de Dios. Seguimos peregrinando en el tiempo. Hoy es un momento propicio para poner en las manos de Dios nuestra vida para vivir cada instante del año nuevo como un tiempo de gracia habitado por su presencia. 


   Pedimos a Dios el don de la paz para el mundo entero. El Señor conceda la paz a cada uno de nosotros, a nuestras familias. La paz verdadera, la que anunciaron los ángeles en la noche de Navidad, no es conquista del hombre, es ante todo don divino, que es preciso implorar constantemente y, al mismo tiempo, compromiso que es necesario realizar con paciencia.


   Referirnos a nuestras madres nos ayuda, un poco, a entender tan soberano misterio. Nuestra madre no formó nuestras almas; solo formó nuestros cuerpos, y sin embargo, son plenamente nuestras madres. Así María, que formó el cuerpo de Jesús, es plenamente Madre Dios. Esta sorprendente realidad que repetimos cada vez que rezamos el ave María, fue la misma que avistaron los pastores que corrieron al pesebre: Dios hecho hombre, su santísima Madre y su padre adoptivo.


   La expresión: La madre es el "sol de la casa", la aplicó el papa Pío XII a la madre, afirmando que, como el sol, la madre aporta "calor" al hogar con su cariño y su dulzura; como el sol, la madre ilumina los "ángulos oscuros" de la vida hogareña cotidiana; como el sol, la madre anima, suscita, regula y ordena la actividad de los miembros de la familia; como el sol, en el atardecer, la madre se oculta para que comiencen a brillar en la vida de los hijos otras luces, otras estrellas.


   Dios ha “bendecido” especialmente a María para hacerla Madre de Dios, y la “bendición” ha culminado en la Maternidad. “La Maternidad de María hace hombre al Hijo de Dios y a nosotros hijos adoptivos del Padre”. De esclavos que éramos pasamos a ser hijos en el Hijo. María sabe que no es ella la depositaria última de Cristo como definitiva bendición del Padre. Ella es la primera de los bendecidos, pero el don es para toda la humanidad: Cristo nos es dado a todos.


   Abrimos el año pidiendo la bendición y el favor de Dios, y colocándolo en las mejores manos, las de María Santísima que, como Madre de Dios, sabe cuidar a sus hijos, ampararlos y protegerlos. Con Cristo, Hijo de María Santísima, esta bendición se hace real y es motivo de alegría para los cristianos. Él nunca se la ha negado a la humanidad. Que el Amor de Dios, experimentado en estos días sea para nosotros un ejemplo, y así, todo lo hecho por amor, aunque pequeño, aunque los demás no lo noten, ya ha sido tomado en cuenta por Dios, y lo encontraremos renovado en Él. El tiempo pasa, pero el amor permanece; y allí debemos encontrar el motivo de nuestra alegría.


  María es la única mujer capaz de ocupar el único y exclusivo puesto de nuestras madres, porque ellas también son hijas de tan majestuosa pastora y saben que bajo su protección y amparo descansan y colocan a sus hijos, y por haber llevado a su Hijo en sus entrañas, ella tiene un celestial don que siempre que la contemplamos nos inspira limpios sentimientos y nos eleva al cielo sin partir de este mundo. Coloquemos este año y toda nuestra vida en manos de María Santísima, ella nos colocará en manos del Hijo Providente. En ella encontramos la guía segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús.


   Que María, Madre de Dios, nos ayude a acoger a su Hijo y, en él, la verdadera paz. Que ella ilumine nuestros ojos, para que sepamos reconocer el rostro de Cristo en el rostro de nuestros hermanos, los que más sufren. Así como supo guiar a su divino Hijo, nos recuerda que antes de heredar el reino de los cielos, debemos dejarnos tomar en sus brazos de madre, para que luego ella nos presente a Dios.


Bajo tu amparo nos acogemos,

Santa Madre de Dios;

No desoigas nuestras súplicas en nuestras necesidades,

Antes bien, líbranos de todo peligro,

Virgen gloriosa y bendita". Amén

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, durante este nuevo año 2.020, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

¡Feliz Año Nuevo 2.020!


Padre Luis Guillermo Robayo M.   

Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía 

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4 ene 2020 10:11