Domingo de Ramos 2017

publicado a la‎(s)‎ 9 abr 2017 16:32 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 10 abr 2017 13:10 ]

Domingo de Ramos, 9 Abril 2017, Ciclo A

San Mateo 27, 1-2. 11-54
 

¡Bendito El que Viene en Nombre del Señor!

    Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

  1. El Ramo: en este domingo, los ramos son el signo exterior de que hemos optado por seguir a Jesús en el camino hacia el Padre. Los ramos en nuestras manos y en nuestros hogares, nos recuerdan que hemos acompañado a Jesús, nuestro Rey, y le hemos seguido hasta la cruz, de modo que seamos consecuentes con nuestra fe y sigamos y aclamemos al Salvador durante toda nuestra vida.
  2. La Entrada: la entrada triunfal de Jesús, ha de darse en cada corazón. Debe llevarnos a profundizar en nuestra fidelidad para que nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y pronto se apagan. Se requiere oración y perseverancia.
  3. La Semana Santa: es la gran oportunidad para detenernos un poco. Para pensar en serio. Para preguntarse en qué se está gastando nuestra vida. Para darle un rumbo nuevo al trabajo y a la vida de cada día. Para abrirle el corazón a Dios, que sigue esperando. Para abrirle el corazón a los hermanos, especialmente a los más necesitados. Semana Santa, es la gran oportunidad para morir con Cristo y resucitar con él;  para morir a nuestro egoísmo y resucitar al amor.
  4. En La Vida Cotidiana:  es un camino en el que descubrimos el valor de la cruz. El ingreso festivo de Jesús en Jerusalén sugiere a nuestra reflexión muchos momentos de la existencia humana. Momentos de alegría, de plenitud, de amistad sincera, de realización personal. Momentos en los que se experimenta más vivamente el amor de Dios, la cercanía y cariño de los seres queridos, la belleza de la vida. Sin embargo, en este caminar de la existencia humana advertimos también momentos de tristeza, de pérdida, de dolor, de fracaso. Una enfermedad, la muerte de un ser querido, una pena moral, una incomprensión...
  5. Un Camino de Fe: al ver a los “niños hebreos” que agitan los ramos al paso de Jesús. Se trata de considerar la importancia de educar en la fe y en los valores a nuestra niñez. Quizá las generaciones jóvenes están hoy más expuestas al influjo negativo de los medios de comunicación y al ataque contra los valores. Vivimos en una cultura de la imagen que imprime sellos indelebles en el alma de los pequeños: violencia, injusticias, descomposición social, corrupción, etc, que van degradando al ser humano.


    REFLEXIÓN 
   Hoy comienza la gran semana litúrgica que nos conduce a la Pascua: la pasión, muerte y resurrección del Señor, centro de nuestra fe cristiana. La Semana Santa es un tiempo de profundas vivencias religiosas; el misterio del Dios «entregado por nosotros» y la fuerza de su resurrección, como expresa San Pablo, nos convocan ante la Cruz que es el triunfo del amor sobre el odio, la esperanza frente a toda desesperación.
 
   El Evangelio de la entrada en Jerusalén (Mt 21,1-11), con la procesión de la comunidad y los ramos, debe servir para inaugurar la gran semana del cristianismo. Toda la “tradición” y hermosura de los ramos y palmas, no obstante, nos invita a introducirnos en aquella experiencia de ir a Jerusalén que el profeta de Galilea no podía eludir. Jesús, sin duda, ya sabía lo que le esperaba: el juicio, la condena y la muerte. 

   Hoy, quizá tendemos a representar la semana santa,  y quizá olvidamos el verdadero drama en torno a aquella Pascua del año 30; el drama de la dura realidad de “alguien” que se entrega hasta la muerte por amor a la humanidad.
   Jesús no se deja ilusionar por los gritos de “Hosanna”, porque no se sentía Mesías, y menos como algunos lo interpretaron. Estas aclamaciones justificarían más su juicio y su condena ante los poderosos que estaban esperando que llegara el profeta de Galilea a Jerusalén. Y llegó…
 
   Vale la pena reflexionar en torno a todas aquellas personas que en el mundo actual sufren la horrenda pasión de diversas formas de crucifixión; de tantas personas que viven diversos viacrucis en sus propias vidas. Recordemos a los migrantes recorriendo el viacrucis al dejar a sus familias y países en busca de una vida más digna, y enfrentando humillaciones, abusos, y hasta la muerte.
 
   También bien el viacrucis los encarcelados, los torturados y asesinados a causa de una ideologías o criterios ante los cuales falta tolerancia. El viacrucis lo sufren aquellos que viven en extrema pobreza, quienes pasan hambre, quienes no tienen trabajo, o quienes trabajan en situaciones de abuso y explotación. En Colombia, particularmente viven el duro viacrucis nuestros hermanos de Mocoa, que lo han perdido todo.
 
   El resucitado es el crucificado. Por eso, la esperanza en la resurrección nos da la convicción que el resucitado continúa profetizando y acompañando las crucifixiones que cada día sobrellevan tantos hijos e hijas de Dios.


PARA LA VIDA

   
El asno todavía se sentía envuelto en el resplandor del día más glorioso de su vida. Nunca hasta entonces había experimentado tanta excitación y había sentido tanto orgullo. A la mañana siguiente salió del establo y se dirigió a la ciudad. Junto al pozo encontró un grupo de personas y pensó: ahora me voy a exhibir delante de estas gentes. Nadie le prestó la menor atención y siguieron llenando sus cántaros. “Echen sus túnicas y sus capas”, les dijo enfadado. ¿No saben quién soy? Le miraron entre carcajadas, le dieron unos azotes y lo mandaron a paseo. “Paganos miserables”, dijo para sus adentros. “Iré al mercado donde hay buena gente, seguro que me recordarán”.

   Pero nadie le hizo caso y siguió caminando. “Los ramos de olivo. ¿Dónde están los ramos de olivo?”, gritó. “Ayer me aclamaban con ramos de olivo”. Herido y decepcionado, el asno volvió al establo, a casa, junto a su madre. “Tonto”, le dijo su madre con ternura. ¿No te das cuenta de que sin ÉL, tú no eres más que un asno cualquiera? Sin ÉL eres sólo un asno.

   
El Domingo de Ramos o de Pasión es la puerta que nos introduce en la Semana Grande del calendario litúrgico, La Semana Santa. Hemos proclamado el relato de la Pasión de Jesús. Son muchos los personajes descritos, todos tienen su papel, todos toman sus decisiones y todos son necesarios. Su nombre, y el mío, están también escritos en este relato. Hasta el burro tuvo sus quince minutos de gloria. Su problema fue que se creyó el protagonista del día y quiso seguir siéndolo el día después. El sentido común de su madre lo puso en su sitio: sin ÉL eres sólo un burro.