Reflexiones                  

13° Domingo del Tiempo Ordinario26 de Junio 2022, Ciclo C

San Lucas 9, 51 - 62

“Te seguiré Señor, A Donde Tú Vayas

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M.
SIN GRABAR AÚN

1.- Despertar: seguir a Jesús es lo esencial en el corazón de la vida cristiana. Nada hay más importante o decisivo. Precisamente por eso, San Lucas describe tres pequeñas escenas para que las comunidades que lean su Evangelio, tomen conciencia de que, a los ojos de Jesús, nada puede haber más urgente e inaplazable. Jesús emplea imágenes duras y escandalosas. Se ve que quiere sacudir las conciencias. No busca cualquier seguidor, sino los más comprometidos, que le sigan sin reservas, renunciando a falsas seguridades y asumiendo las rupturas necesarias. Sus palabras plantean en el fondo una sola cuestión:

2.- Camino de Salvación: abrir caminos al reino de Dios trabajando por una vida más humana es siempre la tarea más urgente. Nada ha de retrasar nuestra decisión. Nadie nos ha de retener o frenar. Los "muertos", que no viven al servicio del reino de la vida, ya se dedicarán a otras obligaciones religiosas menos apremiantes que el reino de Dios y su justicia, Jesús le dice: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios». No es posible seguir a Jesús mirando hacia atrás. No es posible abrir caminos al reino de Dios quedándonos en el pasado. Trabajar en el proyecto del Padre pide dedicación total, confianza en el futuro de Dios y audacia para caminar tras los pasos de Jesús.

3.- Aventura Espiritual: seguir a Jesús es toda una aventura. Él no ofrece a los suyos seguridad o bienestar. No ayuda a ganar dinero o adquirir poder. Seguir a Jesús es "vivir de camino", sin instalarnos en el bienestar y sin buscar un falso refugio en la religión. Una Iglesia más acogedora, mas samaritana, es lo mejor que nos puede suceder para purificar nuestra fe y confiar más en Jesús. Segunda escena. Otro está dispuesto a seguirle, pero le pide cumplir primero con la obligación sagrada de «enterrar a su padre». A ningún judío puede extrañar, pues se trata de una de las obligaciones religiosas más importantes. La respuesta de Jesús es desconcertante: «Deja que los muertos entierren a sus muertos: tú vete a anunciar el reino de Dios». 

REFLEXIÓN 

Un Caminar de Calidez y Ternura de Amor

   Hoy nuevamente hemos escuchado en nuestro corazón su invitación dirigida a cada uno de nosotros: “Sígueme”. Su seguimiento comporta exigencias, pero, por otra parte, nos ofrece poder sentirnos acompañados por la calidez y la ternura de su amor. Él quiere una decisión firme. Quiere una plena entrega y dedicación. Quiere que no miremos atrás. Quiere que no echemos de menos el pasado. ¡Ojalá hoy, en esta Eucaristía, sintamos de nuevo la llamada de Dios y le digamos de todo corazón que Sí queremos seguirlo!

Seguimiento Incondicional…

   El seguimiento de Cristo –decisión libre del discípulo– sólo puede ser incondicional, es el Señor quién pone las condiciones. No caben rebajas ni descuentos. El seguimiento de Cristo no es una cuestión de negociaciones. Poner condiciones es estar diciendo «no», es ya dejar de seguirle. Cristo no quita nada y lo pide todo, porque lo ha dado todo. Y esto es lo que implica ser cristiano: un seguimiento incondicional. No hay dos tipos de cristianos. Sólo es verdaderamente cristiano quien ama con todo su corazón a Dios cumpliendo sus mandamientos. 

   Cristo comprende la debilidad humana y los fallos motivados por ella, pero no acepta la mediocridad ni los cálculos egoístas. Los apóstoles fueron grandes pecadores: San Pedro llegó a negar a Cristo, San Pablo persiguió a la Iglesia... Pero no fueron mediocres: se dieron del todo, gastaron su vida por Cristo, sin reservarse nada. El seguimiento de Cristo es la vocación del cristiano. No es la decisión libre del discípulo la única determinación para seguir a Jesucristo. 

    Después de anunciar la Pasión, Jesús inicia el camino de Jerusalén. Jesús invita a todos a seguirle, pero se quedan fuera aquellos que no lo hacen en la pobreza y la renuncia a todo lo propio. Seguir a Cristo implica la vida entera, no sólo algunos tiempos o algunas zonas de nuestra existencia. Lo que el profeta Elías no podía exigir, por ser un hombre; Cristo sí puede, por ser el Hijo de Dios. Más aún, no hay otra manera de seguirle: «El que sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios».

PARA LA VIDA

   Cuentan que un día se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. Entonces uno de ellos planteó qué si les creaban idénticos a ellos, entonces resultarían ser dioses y no hombres. Para que esto no sucediera decidieron quitarles algo. Después de mucho pensar, uno de ellos dijo: “Ya sé, vamos a quitarles la felicidad". "El único problema va a ser donde esconderla para que no la encuentren jamás”. Uno propuso “Vamos a esconderla en la cima de la montaña más alta del mundo”. 

   A lo que otro repuso: “¡No! Recuerda que les dotamos de fuerza, así que uno puede conseguir subir y encontrarla, y si la encuentra uno, todos los demás sabrían dónde encontrarla. "Entonces - propuso otro - podemos esconderla en los más profundo del mar". Y otro contestó "¡No! recuerda que les dimos inteligencia. Alguna vez inventarán algo que les permita llegar allí. Otro.  Dios pensó haber encontrado la solución al problema: "Vamos a esconderla en otro planeta". 

   Pero le contestaron "¡Imposible! recuerda que les dimos audacia y algún día construirán una nave para llegar a ese planeta y encontrarán la felicidad". El último de ellos era un Dios que había permanecido en silencio, escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás Dioses. Después de este debate, rompió su silencio y dijo: "Creo saber dónde esconderla para que realmente nunca la encuentren". "¿Dónde?" Preguntaron los demás. 

   "La esconderemos dentro de ellos mismos. Estarán tan ocupados buscándola fuera que nunca la encontrarán". Y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva dentro.

   Buscar el camino de la plenitud divina está en nosotros un camino de amor, bondad, misericordia, respeto, unión, nos lleva a buscar y encontrar el verdadero camino de la salvación.


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