5° Domingo de Pascua, 19 de Mayo de 2019, Ciclo C

San Juan 13, 31-33a. 34-35

Les Doy un Mandamiento Nuevo: Ámense Unos a Otros

Homilía PadreLuis Guillermo Robayo M.
  1. El Mandamiento Nuevo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y principal mandamiento. El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22, 35). Jesús nos amó es amarnos con un amor de absoluta generosidad, estando dispuestos hasta, si fuera necesario, morir por amor al prójimo. Jesús murió en acto de servicio, por amor a todos nosotros, glorificando así a su padre Dios y siendo glorificado por Él.
  2. La Predicación:  esto es lo que debe hacer siempre la Iglesia de Jesús, esto es lo que debemos hacer cada uno de nosotros: evangelizar, predicar la buena nueva, el evangelio de Jesús, con la palabra y con el ejemplo, haciendo todo en nombre del Maestro, sin buscar nuestra propia gloria, sino la mayor gloria de Dios, haciendo todo con mucho amor y sin escatimar esfuerzos. Sentirnos orgullosos no de lo que nosotros hacemos, sino de lo que Dios hace por medio de nosotros.
  3. La Identidad Cristiana: el amor es la marca del cristiano. Y si hacemos la señal de la cruz para identificarnos, es porque la cruz es el signo del amor más grande, el verdadero amor cristiano. “La señal por la que conocerán que sois mis discípulos”. El amor que da la vida por el amado; en la práctica quiere decir que hay que conservar a toda costa la virtud de la caridad que recibimos en el Bautismo, hay que huir del pecado mortal que nos la arrebata; hay que aumentarla con la Eucaristía, la oración y las buenas obras. El amor es la eterna juventud del mundo. Un árido código de preceptos envejece pronto, el amor no, porque es de Dios, porque Dios es amor.

REFLEXIÓN

¿Mandamiento nuevo? Nada más antiguo que el amor; es cosa de siempre; es la ley primera del hombre, la realidad esencial de la humanidad. Podemos afirmar que el ser humano es más humano cuando aprende a amar. Pero el mandamiento de Jesús es nuevo. Nuevo por la extensión y por la intensidad, por el estilo, el modo y las cualidades. La novedad del mandamiento no está en el “amaos” sino en el “como Yo os he amado”. Es decir, amar con la medida de Dios. Jesús nos pide que amemos como él. En eso está lo nuevo. Jesús ama con la mente; es un amor que no está basado en el instinto sino en el conocimiento y en la estima de cada persona: Él conoce a sus ovejas; “os he llamado amigos”. Jesús ama con el corazón: “Pedro ¿Me amas más que estos?” Jesús ama con respeto, con totalidad y profundidad; con cuerpo y alma hasta la muerte. Nuestro amor tiene que ser como el de Jesús, es decir, gratuito, generoso, universal, incondicional, sin límites. todos y del todo y en todo. 

El cristiano, aun en medio de las tribulaciones del mundo, tiene su corazón fijo en Cristo resucitado. El cristiano está en el mundo, pero no pertenece a él, porque posee vivo el sentido de su existencia como de un paso fugaz: su meta está en otro lugar. Por eso se compromete en este mundo para hacer ya visible la gracia del Resucitado por medio de la caridad, que nos une a todos en un mismo corazón. Un grupo joven ha adoptado este slogan que me parece muy significativo: “Cada hombre es tu hermano. Pero tu hermano no lo sabe”. Tienes que informarle. Debes decírselo tú. Se lo tienes que hacer entender con los hechos. En esta perspectiva, un amor manifestado con los hechos permite reconocer al cristiano a través del descubrimiento, la experiencia que uno hace de “ser amado”.

 

PARA LA VIDA

Un anciano muy pobre se dedicaba a sembrar árboles de mango. Alguien le dijo: 

- ¿Cómo es que a su edad se dedica a plantar mangos? ¡Tenga por seguro

que no vivirá lo suficiente para consumir sus frutos!

El anciano respondió:

- Toda mi vida he comido mangos de árboles sembrados por otros. Ya es hora que los míos den frutos para quienes me sobrevivan. 

San Felipe Neri

Se dedicaba a recoger niños pobres y los llevaba a su casa, a la parroquia para atenderlos en sus necesidades materiales. Pero tenía que pedir ayuda de casa en casa. En una ocasión, recibió una respuesta negativa de parte de un señor muy rico. Como el santo sabía que ese hombre poseía bastantes riquezas, insistió y volvió a tocar la puerta de la casa. El señor salió molesto y furioso, lo insultó y lo escupió en la cara. San Felipe, sin inmutarse, se limpió el rostro y le dijo: “Bien, eso ha sido para mí. ¿Y qué me va a dar para mis muchachos? 



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