Reflexiones 

24° Domingo del Tiempo Ordinario, 16 Septiembre 2018, Ciclo B

San Marcos 8,27-35 
 

“Tomar La Cruz”

Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
SIN GRABAR AÚN
 
  1. ¿Quién es Jesús?: es importante saber qué dice la Sagrada Escritura, la Iglesia, el Papa o los teólogos a cerca de Jesús. Pero, en mi fe, lo decisivo es qué digo yo. La respuesta a esta pregunta, la da mi experiencia que tengo de él, con él y en él. El día en que uno puede decirle a Cristo: «Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Tú eres mi Salvador. Tú eres el Hijo de Dios encarnado por mi salvación», nuestra vida comenzará a reavivarse con una fuerza y una verdad nuevas.
  2. ¿La Cruz?: en el Crucificado no hay poder ni éxito, ni salud, ni vigor, no hay lógica ni sabiduría. Sólo hay un “amor crucificado” humilde, discreto, insondable hacia el ser humano. Las palabras de Jesús son tajantes. Quien quiera «salvar» su tranquilidad, su cuenta corriente, su vida privada, sus intereses..., al margen del evangelio, reducirá su vida a eso y se echará a perder como hombre, pues está prescindiendo de su verdadero fin.
  3. Nuestros Pensamientos: Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Desde una actitud típicamente judía, nosotros le seguimos pidiendo a la vida “señales”, es decir, signos claros de que las cosas marchan bien, resultados, éxito y eficacia. No sabemos qué pensar ni qué decir ante el fracaso, el sufrimiento inútil, la vejez o la enfermedad. Dejarse conducir por Jesús es encontrarse con un Dios diferente, más grande y más humano que todos nuestros pensamientos.

REFLEXIÓN

   Hay que “cargar con la cruz” y “gastar la vida” por Jesús y por el evangelio, para encontrar la vida verdadera. ¿Y cómo se hace esto? Siguiendo el mismo estilo de vida de Jesús. Todos queremos esa vida eterna que Dios nos promete, pero solo la encuentra aquel que la busca no para sí, sino para los demás, aquel que es feliz haciendo felices a los que están a su alrededor, aquel que pierde la vida dándola, amando a los demás, y posponiendo lo suyo… hasta dar la vida, como Jesús. Ir por este camino, es llevar a la práctica la sentencia: “nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos”, que Jesús impetró en la última cena. 

Aquí ya no vale responder con lo que otros dicen. A esta pregunta fundamental de Jesús tenemos que responder cada uno en primera persona y desde dentro. En el evangelio, Pedro, en nombre de todos los discípulos, confiesa que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Esta es también nuestra propia confesión, nuestra fe: nosotros creemos, con Pedro, que Cristo es el Señor. 

   A nosotros nos interesa Jesús no porque lo consideremos un gran hombre, sino porque en él Dios mismo se ha hecho presente y nos ha salido al encuentro. Para nosotros Jesús es importante, lo más importante, porque es el Hijo de Dios, porque es real y verdaderamente Dios uno con el Padre y el Espíritu Santo; para nosotros Jesús es importante, lo más importante, porque es verdaderamente hombre, nacido de la Virgen María, y por eso, porque es Dios y hombre es nuestro Salvador y Redentor. 

PARA REFLEXIONAR 

   “Un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su casa pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba admirado de la belleza de su cabello, negro, largo. Él iba cada día al mercado a vender algunas frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes una pipa vacía. 

   No llegaba el dinero para comprar tabaco. Se acercaba el día del aniversario y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalar a su marido. Y, además, ¿con qué dinero? Una idea cruzó su mente. Vendería su pelo para comprarle tabaco. Ya imaginaba a su esposo en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa. Así lo hizo y obtuvo por su pelo unas cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco. 

   El perfume de las hojas arrugadas compensaba  el sacrificio de su pelo. Al llegar la tarde regresó el marido. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño regalo: eran unos peines para su esposa. Los acababa de comprar, tras vender su pipa. Al encontrarse, se rieron y se abrazaron llenos de gozo y de alegría”. 

“Nadie tiene más amor que el que da su vida por sus amigos (Jn.15, 13)

 

¡FELIZ DIA DE AMOR Y AMISTAD!



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