14° Domingo del Tiempo Ordinario, 5 de Julio 2020, Ciclo A

San Mateo 11, 25 - 30

"Soy Manso y Humilde de Corazón"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-La Humildad: aquellos, por creerse en posesión de la verdad, no la encuentran nunca; estos, los humildes, descubren la verdad de las cosas que no está en las apariencias, pues lo "esencial es invisible a los ojos", como decía el Principito. Dentro del mármol estaba la maravilla que descubrió Miguel Ángel. Pero hay que trabajar para descubrirla.

2.- El Cansancio: venid a mí… y yo os aliviaré cuántas veces una hora ante el Sagrario ha sido el mejor descanso Se trata de adquirir la costumbre de ir a la oración y contarle al Señor lo que nos pasa. Decía un poeta: ¿a quién contaré mis penas, mi lindo amor?, ¿a quién contaré mis penas, sino a vos?

3.-El Yugo: es la carga del amor.  Esta carga nos compromete a compartir con los demás.  Pero también nos regala una energía inmensa, una esperanza que no se quita y una confianza que nos deja feliz a lo más profundo del corazón.  

4.-La Fragilidad: Jesús optó por hacerse frágil como nosotros. Dejo que lo rompieran en la cruz, y se sigue dejando romper por nuestras manos en la celebración de la Eucaristía. Elige ese pan y ese vino para hacerse presente, y nos recuerda que nuestra tarea es también esa: hacernos pequeños, encarnarnos en cada una de las pequeñas cosas que hacemos, y a las que quiere que nos enfrentemos con la valentía que nos da el saber que él está a nuestro lado.

5.-El Amor: de Cristo y a Cristo nos ofrece una nueva perspectiva vital. Desde ella, se pueden contemplar las relaciones familiares, sociales, laborales… incluso las dificultades con una luz, esperanza y fortaleza nuevas. La vida cristiana consiste en dejar que Cristo sea el eje que afianza nuestra vida y nos permite seguir creciendo.

REFLEXIÓN

   Ante la humildad de Cristo, el cristiano aprende también a ser humilde. El Hijo de Dios no ha venido con triunfalismos, sino sumamente humilde y modesto, montado en un asno. A Jesús le gusta la humildad. Es el estilo de Dios. Y el cristiano no tiene otro camino. Dios no se da a conocer a los que se creen sabios y entendidos, a los arrogantes y autosuficientes, a los que creen saberlo todo, sino al que humildemente se pone ante Dios reconociendo su pequeñez y su ceguera.

   En la primera lectura Zacarías anunció el verdadero Mesías, lleno de bondadosa y humilde mansedumbre. Hemos de seguir a nuestro Rey que viene a nosotros justo y victorioso, modesto y cabalgando en un asno».

   En la segunda lectura de San Pablo a los romanos nos dice: Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo viviréis. Cuando se vive al impulso de las pasiones humanas y del espíritu del mundo, resulta imposible vivir una genuina imitación de Cristo y alcanzar la santidad cristiana. Así los que llevan en su cuerpo la mortificación de Jesús y no viven según la carne, sino según el espíritu, éstos viven en Aquél que es la Vida y en ellos vive Cristo» 

   En el Evangelio el Señor Jesús nos repite unas palabras que conocemos muy bien, pero que siempre nos conmueven: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis descanso para vuestras almas.

   Esta invitación de Jesús se extiende hasta nuestros días, para llegar a muchos hermanos y hermanas oprimidos por precarias condiciones de vida, por situaciones existenciales difíciles y a veces privados de válidos puntos de referencia. En los países más pobres, pero también en las periferias de los países más ricos, se encuentran muchas personas cansadas y agobiadas bajo el peso insoportable del abandono y la indiferencia. 

PARA LA VIDA

   En una tienda de antigüedades, había una pequeña caja olvidada en lo alto de una estantería. Hasta que un día, haciendo limpieza, la caja cayó al suelo. El dueño de la tienda no recordaba haberla visto nunca. Le quitaron toda la suciedad que tenía y pudieron ver que en la tapa estaba escrita esta frase: “La caja de los deseos”. La pusieron en el mostrador como curiosidad, para que los clientes que fueran a comprar algo, pidieran algún deseo.  

   Entró un hombre a comprar una mesa antigua. Cuando iba a pagar, vio la caja, la abrió y pidió un deseo: -Quiero un coche nuevo estacionado delante de esta tienda. Pero como es natural, no se cumplió el deseo. Otros clientes fueron entrando en la tienda y cada cual pedía un deseo: un collar de perlas, un reloj de oro,  ser los más ricos del mundo, ser lo más jóvenes, o los más famosos. Y los deseos seguían sin cumplirse.   

   Hasta que un día entró un mendigo pidiendo un vaso de agua. El dueño se lo dio amablemente. Cuando terminó de beber, el mendigo se quedó mirando la caja. Le dijo al dueño si podía pedir algún deseo antes de marcharse. Y éste contestó: -Claro que sí, buen hombre. De todos los que han entrado aquí, tú eres el que más necesidad tienes. A ver si a ti te hace caso la caja. 

   Entonces el mendigo la abrió y dijo: - Deseo un vaso de plata para el dueño de esta tienda. Cerró la caja y se marchó. El dueño quedó muy sorprendido por aquel deseo. No era corriente desear cosas para los demás. Pero en fin, era un lindo detalle de agradecimiento por el vaso de agua ofrecido. Sin embargo, cuando abrió la caja de los deseos, vio asombrado que en su interior se encontraba un vaso de plata como nunca había visto. El deseo se había cumplido. 

   Aquel mendigo le había dado las gracias de esa manera. Y se sintió feliz al ver que la caja cumplía los deseos de aquellos que, en su pobreza, son capaces de compartir y pensar en los demás.  



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