1° Domingo Adviento, 29 de Noviembre 2020, Ciclo B

San Marcos 13, 33 - 37

"Estad Alerta Ya Que No Sabéis Cuando Será el Tiempo"

Homilía Padre Luis Guillermo Robayo M. 

1.-Adviento: podríamos decir que el Adviento es el tiempo en el que los cristianos deben despertar en su corazón la esperanza de renovar el mundo, con la ayuda de Dios. Para ello es importante:

-Vigilar: Jesús insiste en exhortarnos a la vigilancia, a no dejarnos atrapar por la rutina, la indiferencia, el desinterés por las cosas de Dios, que son también las de sus hijos hambrientos, enfermos, cautivos, perseguidos. Qué no es otra cosa que una llamada a vivir preparados para el encuentro inesperado con el señor.

-Velar: velar significa seguir al Señor, elegir lo que Cristo eligió, amar lo que él amó, conformar la propia vida a la suya. Velar implica pasar cada instante de nuestro tiempo en el horizonte de su amor, sin dejarse abatir por las dificultades inevitables y los problemas diarios… Pidamos al Señor que nos conceda su gracia, para que el Adviento sea para todos un estímulo a caminar en esta dirección. 

-Orar: es preparación interior para el encuentro con el Señor. Por tanto, dispongamos nuestro espíritu para emprender con alegría y decisión esta peregrinación espiritual que nos llevará a la celebración de la santa Navidad. «¡Ven hoy, Señor!»; ilumínanos, danos la paz, ayúdanos a vencer la violencia. ¡Ven, Señor! rezamos precisamente en estas semanas. «Señor, ¡que brille tu rostro y nos salve!»

2.- La Esperanza: con la que cada uno, por medio de un auténtico espíritu de oración, humilde y confiada, se prepara a recibir la venida del Señor Jesús. La actitud con la cual toda la humanidad, y de modo particular todos los cristianos, deberían predisponerse a recibir al “dueño de casa” es “la espera vigilante”. María, Madre de la espera y del silencio. Ella, que supo acoger humildemente la voluntad de Dios, sostenga la oración, las obras y la auténtica y permanente renovación del Cuerpo eclesial en la santidad.

 REFLEXIÓN 

   Este Domingo comienza el Adviento, un tiempo de gran profundidad religiosa, porque está impregnado de esperanza y de expectativas espirituales: cada vez que la comunidad cristiana se prepara para recordar el nacimiento del Redentor siente una sensación de alegría, que en cierta medida se comunica a toda la sociedad. En el Adviento el pueblo cristiano revive un doble movimiento del espíritu: por una parte, eleva su mirada hacia la meta final de su peregrinación en la historia, que es la vuelta gloriosa del Señor Jesús; por otra, recordando con emoción su nacimiento en Belén, se arrodilla ante el pesebre.

   En la primera lectura, ante todo a Isaías, gran Profeta del único y santísimo Dios, que da expresión al tema de Dios que se aleja del hombre. En su maravilloso texto, un verdadero poema teológico, que hemos escuchado hace poco, nos da una imagen penetrante de la situación de su época y de su pueblo, el cual, después de haber perdido el contacto vital con Dios, se encontró en caminos impracticables: «Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema?» (Is 63, 17). El diagnóstico del Profeta es penetrante: Dios se aleja del hombre a causa de la culpa del hombre: la ausencia de Dios es resultado de que el hombre se haya alejado de Él.

   En la segunda lectura el apóstol san Pablo, escribiendo a los Corintios, los exhorta a confiar en la fidelidad de Dios y a vivir de modo que se encuentren «irreprensibles» (cf. 1 Co 1, 7-9) el día del Señor. 

Muy oportunamente la liturgia pone en nuestros labios la invocación del salmo: «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación» (Sal 84, 8).

   El Evangelio nos invita hoy a estar vigilantes, en espera de la última venida de Cristo: «Velad -dice Jesús-: pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa» (Mc 13, 35. 37). La breve parábola del señor que se fue de viaje y de los criados a los que dejó en su lugar muestra cuán importante es estar preparados para acoger al Señor, cuando venga repentinamente.

PARA LA VIDA 

MENU DE ADVIENTO.... AGRADABLE A DIOS

Tener a mano:

 - Abrelatas, para abrir corazones endurecidos.

- Cuchillo, para cortar vicios. - Destapador, para destapar relaciones familiares

- Colador, para pasar por alto las ofensas y purificar intenciones 

- Delantal, para los ... 

Abstenerse:

- De comer prójimo (chismes, murmuraciones) - De condimentar el desquite.

- De consumir grasas de egoísmo. - Del vinagre que pone el mal genio y el negativismo.

- Evitar el cólera lavando muy bien el corazón.

- De los picantes que provocan enojos y maldiciones. - De consumir camarón que adormece la conciencia (camarón que se duerme se lo lleva la corriente).

- De consumir helados que congelen la conciencia. 

Menú Recomendado: 

 - Como plato fuerte: exquisita caridad con el prójimo.

- Caldo de atención a desprotegidos, excluidos y enfermos.

 - Ensalada de detalles de cariño para con los suyos.

- Pan abundante para convidar al hambriento.

- Vino de alegría para los tristes, desalentados y... para todos.

- Sopas de letras para escribir a los seres queridos.

- Sopa de zanahorias para ver con buenos ojos a los demás.

- Pan bendito para los afligidos (las penas, con pan son menos) 

Postre Recomendado:

- Peritas dulces para ser buena persona.

- Higos de tuna para tapar.. los defectos de los otros.

- Yogur de guayaba para repetir... los gestos de perdón. - Naranjas dulces y limón partido..."dame el abrazo que yo te pido".

- Abrazar y besar a sus seres queridos. 

Y no olvide: 

   Donde come uno, comen dos, échele siempre más agua a los porotos. Comparte tu vida con los demás Finalmente, el chef celestial recomienda sobre todo el alimento espiritual: 

"El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna"




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